
En medicina, no todos los pacientes encajan en los tratamientos convencionales. Existen casos donde la complejidad clínica obliga a los especialistas a replantear estrategias y buscar alternativas poco exploradas para preservar funciones vitales. Ese fue el reto que enfrentó el equipo liderado por el Dr. Juan José Ramírez Andrade, especialista en neurocirugía, al atender a una paciente con una condición cerebrovascular altamente compleja.
Se trató de una mujer de 48 años que comenzó a presentar episodios recurrentes de movimientos involuntarios y temblores en la extremidad superior izquierda. Estos síntomas aparecían principalmente al ponerse de pie y mejoraban al acostarse, una señal importante de que el cerebro no estaba recibiendo suficiente flujo sanguíneo.
Además de estos episodios, la paciente presentaba ataques isquémicos transitorios, conocidos como “mini derrames”, manifestaciones que indicaban una disminución crítica en la perfusión cerebral.
El tratamiento inicial y una complicación inesperada
Durante su evaluación, se identificó un aneurisma no roto en la arteria carótida interna derecha, una de las arterias más importantes para el flujo sanguíneo cerebral.
Como primera estrategia terapéutica, se optó por un procedimiento endovascular mínimamente invasivo mediante la colocación de un stent desviador de flujo, un dispositivo diseñado para redirigir la circulación sanguínea y excluir progresivamente el aneurisma.
Aunque el procedimiento fue técnicamente exitoso, la evolución no fue la esperada.
Posteriormente, el stent presentó trombosis, es decir, formación de coágulos dentro del dispositivo que bloquearon nuevamente el flujo arterial. Se realizó un segundo intento endovascular con recolocación del dispositivo; sin embargo, la trombosis volvió a presentarse.
Esta complicación agravó aún más el compromiso circulatorio cerebral y mantuvo a la paciente con síntomas persistentes, pese al manejo médico intensivo con antiagregantes plaquetarios y anticoagulación.
Cuando las opciones habituales no son viables
Ante el fracaso del tratamiento endovascular, el equipo determinó que la mejor opción era realizar una cirugía de revascularización cerebral o bypass extracraneal-intracraneal, procedimiento que crea una nueva ruta para llevar sangre al cerebro.
Sin embargo, este caso tenía una dificultad adicional: las alternativas quirúrgicas convencionales no podían utilizarse.
En la mayoría de estos procedimientos suelen emplearse vasos como vena safena, arteria radial y arteria temporal superficial.
Pero en esta paciente, ninguna representaba una opción segura.
La vena safena fue descartada debido a antecedentes de trombosis venosa y várices superficiales. Por otro lado, estudios vasculares demostraron que ambas manos dependían funcionalmente de las arterias radiales, por lo que extraerlas podía comprometer la circulación de las extremidades. Finalmente, la arteria temporal superficial presentaba un calibre insuficiente para cumplir con los requerimientos del bypass.
Una alternativa poco explorada en neurocirugía
Frente a este panorama clínico complejo, el equipo multidisciplinario evaluó opciones poco convencionales para lograr la revascularización cerebral de forma segura y efectiva.
Tras descartar los injertos habituales, se decidió utilizar la arteria mamaria interna izquierda (AMI), un vaso sanguíneo ampliamente utilizado en cirugía de revascularización cardíaca por sus excelentes resultados a largo plazo, pero rara vez empleado en neurocirugía.
La elección de la AMI no fue casual. Esta arteria ofrece características particularmente favorables para este tipo de procedimientos: presenta un calibre compatible con vasos cerebrales de alto flujo, menor riesgo de vasoespasmo en comparación con otros injertos arteriales, resistencia natural a procesos ateroscleróticos y buena permeabilidad a largo plazo, factores clave para mantener una circulación cerebral estable y duradera.
Además, su comportamiento hemodinámico es más similar al de las arterias cerebrales nativas, lo que la convierte en una alternativa atractiva en pacientes complejos donde se requiere un bypass de alta capacidad.
En este caso, la arteria mamaria interna izquierda fue obtenida mediante un abordaje toracoscópico mínimamente invasivo, técnica que permitió extraer el injerto con menor trauma quirúrgico y una recuperación postoperatoria más favorable.
Posteriormente, el injerto fue utilizado para realizar un bypass entre la arteria maxilar interna, seleccionada como vaso donante por su calibre adecuado, y el segmento M2 de la arteria cerebral media, una de las arterias encargadas de irrigar amplias zonas del cerebro.
Esta conexión permitió restablecer el flujo sanguíneo distal comprometido y mejorar la perfusión cerebral de la paciente, ofreciendo una solución efectiva tras el fracaso del tratamiento endovascular.
Esto no solo resolvió el problema clínico inmediato, sino que también demostró la viabilidad de una alternativa quirúrgica innovadora para casos altamente seleccionados donde las opciones convencionales no son posibles.
Recuperación favorable y restauración del flujo cerebral
Tras la intervención, la evolución clínica de la paciente fue favorable.
Los episodios de movimientos involuntarios desaparecieron por completo y los estudios de perfusión cerebral confirmaron una mejoría significativa en el flujo sanguíneo.
Este resultado no solo representó una recuperación importante para la paciente, sino también una aportación valiosa al campo de la neurocirugía compleja.
Un avance que amplía las posibilidades terapéuticas
Este caso demuestra la importancia de personalizar cada tratamiento según las condiciones anatómicas, antecedentes y necesidades específicas de cada paciente.
El trabajo del Dr. Juan José Ramírez Andrade y su equipo conformado por Dr. Javier Degollado García, Dr. Benigno Ferreira Piña, Dr. Carlos F. Nicolás Cruz, Dr. J. Tomás Moncada Habib, Dr. Marco Antonio Muñuzuri Camacho, Dra. Zahira Elizabeth Medina Felix, Dr. Edgar Nathal, resalta cómo la innovación médica y la colaboración multidisciplinaria pueden abrir nuevas posibilidades cuando los tratamientos tradicionales no son suficientes.
La utilización de la arteria mamaria interna como injerto alternativo representa una opción de rescate para casos altamente seleccionados, ampliando el arsenal terapéutico disponible en cirugía cerebrovascular compleja y ofreciendo nuevas oportunidades para pacientes con opciones limitadas.
Consulta el artículo científico completo
Este caso clínico fue publicado en el Journal of Neurosurgery: Case Lessons, aportando evidencia científica sobre una alternativa innovadora para casos complejos de revascularización cerebral.
Artículo: The internal mammary artery as an alternative graft for internal maxillary artery–middle cerebral artery bypass: illustrative case
Autores: Juan J. Ramírez-Andrade y colaboradores
DOI: 10.3171/CASE25888
Consultar publicación completa: https://thejns.org/doi/10.3171/CASE25888

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